sábado, 12 de julio de 2014

TUS OJOS


TUS OJOS


Me revelan las ansias de dulzuras,
me descubren las ternuras,
me muestran todas las lunas,
piden que diga tu nombre,
que abra mis labios y entonces,
todo el aire se aprisione.
Dicen tus ojos, mirándome,
que te acune entre mis brazos
que llegue mi tacto rozando
piel de tu espalda y tus pechos.
Esos ojos  ¡ay de mí!
tus ojos, que me dicen tanto,
lo que yo quiero es que, abiertos,
lo que quiero es que, cerrados,
da lo mismo como estén,
lo que yo quiero es besarlos.
¡Ay, de los ojitos lindos!
ojos míos enamorados,
haz que me miren de nuevo
y luego... vuelve a cerrarlos.

Ángel Hernández Segura

TE AMARÉ COMO A NINGUNA


TE AMARÉ COMO A NINGUNA


Hola suspirante mujer,
deje usted su menester
y atienda por caridad
a ese pobre que ná más
quiere un poco de buen vino,
un cachito de tocino,
y, si bien pudiere usted,
una miajita de pan.
El frío arrecia en la puerta
ábrale, no tarde ya.
Transcurrieron tiempo y hambre,
minutos, horas y más,
pero no murió de frío
ni por la falta de pan,
dicen quienes le encontraron
acurrucado en la puerta,
que murió de soledad;
tenía en la mano una pluma
y la cabeza entornada,
pareciese que mirara
allá en el cielo la luna.
Dicen, que no teniendo papel,
quiso escribir en sus dunas
poemas a una mujer,
para que en la luna blanca,
siendo negra su escritura,
todo el mundo lo leyese:
"te amaré como a ninguna".

Ángel Hernández Segura

jueves, 10 de julio de 2014

ENVEJECER (II)


Fotografía: Ángel Hernández Segura

ENVEJECER (II)
Envejecer es tropezar con todo, arrastrar los pies,
agarrar débilmente un bastón y acariciar su puño,
tener en la garganta un nudo y en la boca hiel
de momentos amargos, el pudor al desnudo,
el temor a no recordar lo que hiciste ayer
y el dolor por doler sin querer a los tuyos.

Subir con dificultad al asiento del coche
No saber contar con la nueva moneda,
desconocer el valor de las cosas sin duros,
leer en la prensa todas las esquelas,
ser un torpe sabio al que nadie aprecia,
no poder leer el engaño que lleva la letra pequeña.

Envejecer es no enfilar el ojo de la aguja,
es dejar de lado todo protocolo,
estar todo el día cerca de la estufa,
ver siempre en la tele lo que quieren otros,
olvidar encargos sin tener excusas,
y asumir el riesgo de perderlo todo.

Derramar el vino cuando tiembla el pulso;
envejecer es oír a gritos, caer en la ducha,
no tener certeza de que cinco es lustro,
no estar convencido de si poca o mucha;
cuando es necesario, no tener discurso
y sobrar palabras cuando nadie escucha.

Ángel Hernández Segura

miércoles, 9 de julio de 2014

ENVEJECER

Fotografía : Ángel Hernández Segura
ENVEJECER (I)
Es ver cada día los mismos rostros,
es que haya un lugar al que volver,
es viajar sin descanso al pasado,
es olvidar lo que dolió tanto aquella vez,
es revivir lo que parecía olvidado,
es ver mitigarse el deseo de poseer.

Envejecer es peinar más recuerdos que pelo,
es querer irresistiblemente perdonar,
es dormir menos horas y soñar más tiempo,
es tener por verdad la propia vivida,
es prevenir lo malo, aconsejar lo bueno,
es sufrir soledad y ser cada vez menos.

Es atravesar océanos en barcos de papel,
transformar una casa de barro en piedra,
un terreno agreste en huerta florida,
soportar la helada, la nieve, la niebla,
regalar tu abrigo cuando mata el frio,
es caer de la mano un puñado de tierra,

Es, sentir el orgullo, por unos momentos,
de todo lo hecho, abrir los caminos,
ver crecer los hijos, cuidar a los nietos
tener por amigo a un perro y a un gato,
mirar fijamente un retrato y, sin consuelo,
llorar como lloran los viejos, con callado llanto.

Ángel Hernández Segura

sábado, 5 de julio de 2014

A CABALLO DE MI INFANCIA

A CABALLO DE MI INFANCIA
A lomos de mis seis años, en corcel imaginario
recorría por las mañanas la silueta de los cerros.
Nunca un héroe tan altivo cabalgó entre los tomillos
y descendió a la cañada. Nadie bebió agua tan fría
como aquella que manaba el manantial de mi villa.
El camino de la acequia, la aventura de los campos,
mares de alfalfa ondulante, melocotones, sandías,
habas tiernas, frescos nabos y los frutos de la viña.
Vendía mi madre en la tienda arenques y mantecados,
el azúcar en terrón, el arroz, las naranjas de la reina,
a onzas el chocolate, a celemines el grano.
Rojo el fiel de la balanza posada sobre madera
de un mostrador desgastado; pimientos secos colgados
a ristras en la pared; a calles siempre de blanco
conducían cuatro escalones, el callejón de la escuela,
mi vecina Adoración, la costurera, Rosario.
Hacia nuevas aventuras conducían todas las cuestas
era vigía siempre alerta en atalayas de arcilla.
En la memoria prendida una poesía recitaba,
“La hermana”, dulce soneto, de Don Eduardo Marquina:
 “Verano, agosto: declinaba el día,
pintado el cielo de vapores rojos,
y volvían, pisando los rastrojos,
dos niños —ella y él— a la alquería.

Ella callaba; el chiquitín decía:
—Yo era un soldado, y cuanto ven tus ojos,
no eran parvas de trigo, eran despojos
de una batalla en la que yo vencía.

—Pero, ¿y yo? —Deja, espera: ebrio de gloria,
yo volvía después de la victoria
y a ti, que eras la reina, te llamaba…

—No…, no…; la reina es poca cosa; yo era
—dijo la chiquitina — una enfermera;
¡y tú estabas herido… y te curaba! “

Como guerrero en los versos, campos de batalla y fuego,
mientras imaginaba victorias, oro y reconocimiento,
una voz rompe mi sueño: ¡Angeeeeel!, y repite el eco,
es mi madre que me llama, descabalgo y corro raudo.


Ángel Hernández Segura

viernes, 4 de julio de 2014

SEDIENTA DE LUZ

Fotografía: Ángel Hernández Segura
SEDIENTA DE LUZ
Ocuparé de noche el lado de la cama en que dormías tú,
así, al extender los brazos, no encontrando a nadie,
aceptaré que te fuiste, que eras flor imposible sedienta de luz.

Forzaré la sonrisa, lavaré de mi cara los indicios de llanto;
disipada tu huella de calor en las sábanas; cepillando mis dientes
recordaré aquel beso –hoy por última vez- que pintaste de blanco.

Es la última vez, de hoy en adelante juro no mencionarlo.
Te incluiré en el capítulo de realidades vividas y tiempos finitos;
ya no querré nunca –hoy es la última vez- imaginar tu tacto.

Te pondré, junto a otros tesoros, en el fondo de un viejo baúl;
bogaré hasta mares lejanos de improrrogables naufragios;
hundiré mi barco astillado, rojo donde rosa, negro donde azul,
tú serás por siempre una  flor imposible sedienta de luz.


Ángel Hernández Segura

sábado, 28 de junio de 2014

Y SE AGOTAN MIS FUERZAS

Fotografía: Ángel Hernández Segura
Y SE AGOTAN MIS FUERZAS
Tú quieres huir, quieres desvanecerte
y mis fuerzas se agotan.
Tendré que soltar dulcemente tu mano
y ver como resbalas –tobogán de tiempo-
disipados mis ánimos.
Quise yo rescatarte –de la muerte a la vida-
pertrechado de fe
y olvidé que el olvido cobra fuerte su presa
que enraizaron tus pies en un fértil jardín
y se agotan mis fuerzas.
Tus palabras me hieren, tu silencio me hiela;
juega conmigo el aire removiéndolo todo,
hacen llorar mis ojos unos granos de arena.
Resisten mis brazos unos segundos más
recordando que un día te recorrieron toda,
mis oídos repiten cómo te estremecías.
Dieron fruto tus ramas y no estaba contigo,
aunque siempre te quise ya no sirve de nada.
Tú te quieres marchar y -agotadas mis fuerzas-
 dejo yo que te vayas.


Ángel Hernández Segura

martes, 24 de junio de 2014

AL SUR QUEDA UNA PLAYA

Fotografia: Ángel Hernández Segura
AL SUR QUEDA UNA PLAYA
Perdona si interrumpo tu tiempo entre las flores,
no escuches los rumores que llegan a tu oído,
ignora destinos que inmovilicen timones,
son sólo direcciones los tiempos sucedidos,
los cruces de caminos sólo son tentaciones,
lo cierto y relevante… que tú y yo nos quisimos.

Perdona si te digo que debes despertarte,
que vistas tu desnudo y peines tus cabellos;
olvida desalientos,  me urge que me ames,
prepara tu maleta, dirígete hacia el sueño 
de una estación cercana; abierto y expectante,
al sur vive un amor sediento de paseos.

Al sur queda una playa que nos recuerda a los dos,
que nunca se olvidó de nuestras toallas tendidas,
las manos fuerte asidas, las brisas del rubor;
alcanza ya ese tren, asiento en ventanilla,
deja aflorar la risa que un día me cautivó,
los rojos en tu pelo, el brillo en tus mejillas.

Mis brazos ya te esperan, disipa tus miedos.
Como si nada existiera encamínate a mí.
Lubricados de lluvia, llegan pasos pequeños,
parecen primaveras lo que siento por ti,
las veletas indican que se acerca tu viento.
¡Que se acorten las sombras y aparezcas por fin!


Ángel Hernández Segura

martes, 17 de junio de 2014

NUNCA SERÁ TARDE

Fotografia de Ángel Hernández Segura
NUNCA SERÁ TARDE
Clamo al cielo por una vez más.
Nunca será tarde.
Conocerte en el preciso instante,
volver a nacer en el mismo lugar,
y decir “aquí estoy”. Caminar
-nunca será tarde-
un camino a tu lado. Decidir
no dejarte marchar y sembrar
de vida los campos. Compartir
-nunca será tarde-
las puestas de sol y los blancos
que centellean las noches. Amarte
como todo y parte, como único fin,
-nunca será tarde-
entregarme como el agua al aire,
recibirte como el nido al pájaro,
abrazarte y ser abrazado. Contemplar
-nunca será tarde-
la belleza pura. Escuchar
silencios y cantos.


Ángel Hernández Segura

domingo, 15 de junio de 2014

LLANTO SECO

Fotografia: Ángel Hernández Segura
LLANTO SECO
Le mató el cansancio y la apatía;
aunque en su llanto llora
sin lágrimas de agua,
en su duelo seco ¡Cuánto la extraña!
No murió porque llegó su hora,
era pronto todavia.
Ella tenia su mundo, un jardin, un perro,
un marido y una copa de vino
algún que otro día.
Recibia versos de vez en cuando;
ese viejo amor aún la quería.
Hizo gran mella su certera indecisión.
Preguntas, porqués, no tienen sentido,
la palabra FIN es absoluta,
dicha o pensada ya da lo mismo,
ella se fue o él la dejó.
Hoy llora él, quizás ayer... ella lloró.


Ángel Hernández Segura