viernes, 2 de enero de 2015

DESDE FUERA

Fotografía: Ángel Hernández Segura
DESDE FUERA

Desde fuera,
he de verte desde fuera.
Hubiera deseado ser la propia médula,
la vertebral del rayo,
pero son mis ojos, desde fuera,
unos ojos tristes deslumbrados.
Con poco me conformo:
saber que estás, intuirte desde lejos,
lanzar una proclama desde fuera.
Sólo encuentro corazas en mi intento
de llegar al núcleo, irrenunciable meta,
de ser espacio y tiempo desde fuera.
Contemplo, desde fuera, tu ir y venir,
el cierre impenetrable de una puerta
la piel resbaladiza de tu esencia,
la lenta languidez de mi existencia.

 Ángel Hernández Segura

jueves, 1 de enero de 2015

UN AÑO MÁS

 
Fotografía: Ángel Hernández Segura


UN AÑO MÁS

Viste un año más el blanco de mi barba,
se desnuda mi memoria en tu recuerdo
y te dibuja como eras, sin complejos,
colmando los rincones de la estancia.
Puertas y ventanas abiertas a un verano,
de par en par, como tus brazos a mí asidos,
yo tendido sobre ti, dándole brillo
al bronce que en tu piel se iba forjando.
Al aplomo de julios y agostos, en tu ausencia,
he vuelto a los secretos de lugares,
aquella torre de piedra frente al mar,
playas, muros, cueva, caminos de tierra.
El viento de garbí trae con las tardes
memorias de arena en mis zapatos
y sal de aguamarina entre los labios;
sin tus pasos andan huérfanas mis calles.

 Ángel Hernández Segura

viernes, 21 de noviembre de 2014

Y DE REPENTE

Fotografía: Ángel Hernández segura
Y DE REPENTE

Y de repente… mueres.
Hundes tus esencias en la piedra,
tu brillo se matiza y serpenteas
en un imperio oscuro, en un espacio inerte.
Hieren mi descanso,
clavados en mi costado, los pliegues de las sábanas;
prenden fuego en mis ojos las primeras luces,
mi brazo izquierdo desparrama tu ausencia
y una mirada fija –que conoce la respuesta-  pregunta por ti.
De nuevo un café frio quemando mis labios,
las tardes de tedio, las noches de insomnio,
los porqués de por qué un teléfono dejó de sonar.
Se me antoja imposible rebasar una frontera
de estacas verticales vallada de recuerdos,
pues hieren los espinos de los instantes rojos.
La olvidarás, me digo sin convencimiento,
como mucho sufrirás las punzadas
de las evocaciones involuntarias e inevitables,
pero nunca imaginarás confundir su nombre tantas veces
y ver entre otras sombras –equivocado siempre-
una sombra furtiva que antaño fuera suya.

 Ángel Hernández Segura

sábado, 15 de noviembre de 2014

YA NO HAY AZUL

Fotografía: Ángel Hernández Segura
YA NO HAY AZUL

Ya no te quiero, no.
Porque te eché yo -o porque te fuiste tú-
ya no le queda azul a la paleta del pintor.
La cierta soledad es quien impera;
andan mis pasos sin destino y no tiene sentido la razón.
Me acompaña el crepitar de la hojarasca seca;
ya caducó aquel contrato que sostuve,
no hay azul, doy por cumplida mi vida pasajera,
por perdida la niñez –pueblo entre cerros-
ya no hay ayer, queda el ahora falto de fuerzas
donde se mezclan y confunden los aromas.
Que “cualquier tiempo pasado fue mejor”
-evoco con tristeza los recuerdos- pudiera bien ser cierto
cuando percibe el alma sangrar al corazón
y se oye el repicar de las campanas –alguien ha muerto-
en monótono son de letanía, alguien que un día
tuvo las manos llenas, colmadas sensaciones,
olor a menta y yerbabuena y a todos los verdes que rodean
las tomateras de un generoso huerto,
tiestos de fresas, flor de la higuera.
Ya no hay azul, ya no te quiero, ya no estás tú.

Ángel Hernández Segura

jueves, 23 de octubre de 2014

MI BUEN AMOR

Fotografía: Ángel Hernández Segura
MI BUEN AMOR

Te vi partir, tal como tú me pediste. Preparé mi camino de vuelta y con el motor del coche también arrancaron mis ánimos, revueltos; le di la espalda al mar y a los pocos minutos se inundaron mis ojos de lágrimas y mi corazón de rabia. Lleno de ti y vacio de repente; ni siquiera la música era capaz de tranquilizarme.
Se diría que hasta la lluvia se solidarizó conmigo irrumpiendo violentamente. No me sorprendió su presencia ¿Recuerdas que te dije que la presentía?. Durante el trayecto me acompañó tempestuosa. Se esperaba sol y buen tiempo para el fin de semana pero el agua y los sentimientos son difíciles de contener.
Pensaba en nosotros. Mi consuelo era casi tan grande como mi pena: pronto volverás a verla, me decía a mí mismo.
Quedó tanto por hacer, tanto que decirte, tanto que escucharte. Echo en falta compartir la cotidianidad. La cotidianidad como obligado contraste, como catapulta hacía los instantes álgidos, como espacio de relajada presencia, como certeza presente y continua que conduce hacía los eventos trascendentes.
En el viaje de regreso me detuve en el carril lateral de un polígono industrial, el punto donde se lavan los pecados y se borran los rastros. Rompí los tickets de restaurante, limpié los restos que hablasen de ti, bebí el agua que evaporase tu aroma de mis labios y mi lengua. Froté con un pañuelo húmedo los surcos visibles de mi llanto, forcé la sonrisa y reemprendí la marcha.
La sinuosidad de la carretera rememoraba tus curvas, tus pechos naranjas, tus caderas, el monte de tu sexo, tus piernas. Tu piel sigue viva en mi tacto.
Recuerdo aquel sudor incómodo que me invadía inoportuno, tus cuidados, tus desvelos, despertarme con una caricia tuya en mi pelo. Recuerdo una explosión de luz y amor, de amanecer y tú estar.
Me queda ahora respirar el aire que ofrece  la promesa de volver, recuperar las fuerzas en el descanso que propician los sueños, despertar y mirar a lo lejos, escribir poemas que hablen de ti, romper mis huesos contra molinos de viento, atravesar los desiertos diciendo una y otra vez que te quiero, que, más que nunca, te sigo queriendo.

Ángel Hernández Segura

sábado, 11 de octubre de 2014

QUISIERA, QUIERO


QUISIERA, QUIERO
Quisiera vencer tu empecinamiento,
infundir aliento a la sal de tu estatua,
cerrar la herida de Minos, apagar las fraguas,
lograr que no habite Medusa en tu pelo.
Quiero acercarme a ti, pero temo
palabras cual lengua de fuego y veneno.
Quiero acariciarte entera, pero freno,
tu piel dura escama que corta mis dedos.
Quisiera compartir la vida, los sueños,
pero tú sigues siendo calle en laberinto,
sepulcro sin flores, vacío y abismo,
los pasos perdidos de los cementerios.
Amé luces de mujer que aun destellan,
tiemblan unas manos que asieron con fuerza,
se cubre mi barba de un blanco que hiela,
mis ojos Hefesto, la noche Atenea.

Ángel Hernández Segura

domingo, 5 de octubre de 2014

FINGIENDO LA VIDA

Fotografía: Ángel Hernández Segura
FINGIENDO LA VIDA
Las horas empujan a la calle, al metro;
esconde la prisa todos los defectos.
No hay risa, no hay gestos, andamos errantes,
se cruzan los rostros estancos, ajenos.
 
Deambulan las almas por los purgatorios,
se avivan los fuegos de nuestros infiernos;
se visten los suelos de hojas caídas,
se turnan en ciclos otoños e inviernos.

Dirime los tiempos un ángel injusto;
decide los cuándos, con quién el encuentro.
Un cruce confuso juega su papel,
graba las memorias, borra los recuerdos.
 
Resiste un empeño colgando de un hilo;
duerme la esperanza en la fe de un beso,
de un todo posible, de un hecho increíble;
fingiendo la vida pernoctan los sueños.

 Ángel Hernández Segura

martes, 23 de septiembre de 2014

MUJER TÚ

Fotografía: Ángel Hernández Segura

                   MUJER, 

 Veinte océanos les separan sin saberlo.

Prendido sigue algún fuego en el margen

del camino angosto que ellos andan.

Sin embargo es- pese a todo- pilar de su firmeza

la mirada convergente en el norte de sus ojos.

 
Mujer, tú...enredas en el viento tus sentidos,

escondes tras las velas sentimientos

y rugen con las olas ansias desmedidas,

corazones que a deshoras se enamoran

a golpes de timón y madrugadas de brisa.

 
Aparejas tu barco, marinera a destiempo,

curtidas las manos en el quehacer diario

de la casa y de los hijos y apuntas el rumbo

dirá Dios adónde, porque ni tú lo sabes,

careciendo en tu viaje de mapa y sextante.

 
Convertirás el movimiento en escritura suave,

conocerás en tu fatiga compañeros de ruta,

descubrirás que existen maravillas diferentes,

que no es igual el sonido de la lluvia cuando cae

de esas nubes que no son blancas ni grises.

 
Sobre las aguas conversarás con la luna

distinta a cuando asomaba a tu ventana,

sin que nadie ose interrumpir tal instante.

Verás que algunos somos necesaria oscuridad,

obligado contraste de unas pocas estrellas brillantes.

 Ángel Hernández Segura

miércoles, 3 de septiembre de 2014

BAILANDO CON EL VIENTO

Fotografía: Ángel Hernández Segura

BAILANDO CON EL VIENTO

Desde la terraza que siempre nos mostró el mar de las tardes,

-azules y grises difusos se citan en el horizonte-

veo pendientes de teja, chimeneas sin latidos de fuego

y se tiende un campo de barcas tranquilas que aproan el norte.

 
Se sostienen por delgados hilos asidos al agua en su fe,

mástiles desnudos erguidos al viento que tanto conoces,

custodian en larga vigilia la calma de sus esperanzas

y aguardan con ansia que lleguen festivas mañanas de soles.

 
Está oscureciendo, corre su cortina el techo del mundo,

las calles se tuercen, resuenan los pasos, huyen los rincones

al ver que no prenden farolas, banderas de aire y sigilo

preceden aquellas historias que forjan mujeres y hombres.

 
El pueblo se encoge, resulta pequeño a cuanto trasciende,

se cierne orgullosa y penetra lo negro una altiva torre,

se clavan dos picos de luna en lo incierto hiriendo de muerte,

todo se detiene, las horas desangran, las campanas rompen.

 
Ya nada se mueve, ha huido el verano en forzado destierro,

reina el desconsuelo, al canto de agua ya nadie responde,

en medio del caos las naves anhelan una voz de mando,

un dedo hacedor, un nuevo principio de luz y colores.

 
Ángel Hernández Segura

domingo, 31 de agosto de 2014

VELOS



    VELOS

Puedo hacer que fluya por torrentes interiores

rojo turbulento, tu sangre a borbotones;

puedo acalorar tus pómulos

y hasta entornar tus ojos;

puedo emborronar carmines atrevidos

y deshacer perfiles de negros en tu rostro,

pero miento si dijera que pretendo

que aflore vergüenza en tal trayecto;

quisiera, eso sí, colores tímidos

y el misterio en transparencias de tus velos.

 
Ángel Hernández Segura